La flor más bella
es la flor de un día.
Aquella que se muestra tersa,
impávida… ajena a la vejez.

Bebamos con la verdad por delante
sin pensar en la sed de mañana.
Bésame desde tu labio a mi labio…
Muerde sin vergüenza la comisura
de este último poema de amor.

El camino se estrecha más adelante.
Se pierde entre telas de araña
y luces débiles de carretera.
Toma fuerte mi mano y vente conmigo
a adentrarnos en los recuerdos del futuro.

Seré tu amante secreto,
tu esfera cercana…
seré el que te susurre al oído
los gritos más cálidos.

Tú no me debes a mi
las excusas que yo te pongo.
No necesito de ti
más que la sal del cruce de tus piernas.

Vivamos como si se terminara.
Quiéreme como si lo nuestro
ya se hubiera acabado…

No pienses en después
y abrázame como se trenzan
las raíces de un árbol viejo
a las piedras muertas del suelo.

Nuestro amor será sólo nuestro.
Breve, intenso… vano y fugaz
como los días sin verso.

Julián Garvín Serrano (2015)

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